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TEATRO REAL

Estreno de La pasajera, la ópera más sólida y comprometida de la temporada

En primer plano: Lidia Vinyes-Curtis (Krystina), Anna Gorbachyova (Katja), Marta Fontanals-Simmons (Vlasta). En segundo plano: Coro Titular del Teatro Real.
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En primer plano: Lidia Vinyes-Curtis (Krystina), Anna Gorbachyova (Katja), Marta Fontanals-Simmons (Vlasta). En segundo plano: Coro Titular del Teatro Real. (Foto: Javier del Real/Teatro Real)
sábado 02 de marzo de 2024, 19:04h
Actualizado el: 02 de marzo de 2024, 19:10h
El viernes el Teatro Real estrenó La pasajera de Mieczysław Weinberg, ópera culmen del siglo XX estrenada en versión semiescenificada en Moscú en 2006. Musicalmente sublime y argumentalmente desgarradora, La pasajera es, como dijo Shostakóvich -cuya influencia musical en la partitura es más que evidente-, una obra compuesta “con la sangre del corazón”.

La obra de Weinberg, que tuvo un reconocimiento destacado en su época pese a que no alcanzó la fama que sí alcanzaron otros compositores contemporáneos como Dmitri Shostakovich, ha crecido en interés en las últimas décadas. Nacido en Varsovia en el seno de una familia judía, huyó de Polonia hacia la Unión Soviética para escapar del horror nazi. Allí se estableció en Moscú, donde estudió composición.

Uno de los rasgos que caracterizan la escritura de Weinberg es la fusión de las músicas populares polaca y rusa con su propio genio creativo. Su obra es extensa: 22 sinfonías, música de cámara, conciertos para distintos instrumentos, composiciones para piano… De sus óperas, la más conocida es la que ahora ocupa estas líneas. Ha sido poco programada, pero está actualmente considerada uno de los ejemplos más acabados del género en el siglo XX.

La pasajera que ahora se presenta en Madrid es una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Bregenz Festival, el Teatr Wielki de Varsovia y la English National Opera, en conmemoración del décimo aniversario de la muerte del que fuera director artístico del Teatro Real hasta su muerte en 2014, el director belga Gerard Mortier.

A la calidad de esta ópera a nivel musical y argumental, se suma la excelente puesta en escena de esta producción, que hace que la obra, de tres horas de duración (descanso incluido), logre mantener al espectador como petrificado en su asiento y sin poder apartar la mirada del escenario, pues el trabajo de David Pountney (dirección de escena), Johan Engels (escenografía), Fabrice Kebour (iluminación) y Marie-Jeanne Lecca (vestuario), con la intervención en la asociación escénica de la británica Sheelagh Barnard la acercan magistralmente a lo cinematográfico.

El libreto de La pasajera, de Alexander Medvedev, se basa en la novela homónima (Pasazerka) de 1962 de Zofia Posmysz, superviviente del campo de Auschwitz, que, pasados bastantes años del holocausto, durante un viaje a París, creyó reconocer en la voz de una turista en la Plaze de la Concorde a su carcelera del campo de concentración. En la ópera, Lisa es esa carcelera. Viaja en un barco con destino a Brasil en compañía de su marido, Walter, un diplomático alemán que se incorporará allí a su nuevo destino. Éste no conoce el pasado de Lisa, pero la aparición inesperada en el muelle de una misteriosa pasajera -que resultará ser Marta, prisionera del campo de concentración y única superviviente de su grupo de presos- la turba de tal modo que se ve obligada a confesarle (sólo lo hace en parte) su antiguo trabajo como oficial de la SS y como carcelera de Auschwitz. Es entonces cuando ese pasado se muestra explícitamente al espectador en el nivel inferior del escenario: aquí impera una realidad cruel, deshumanizada y desoladora, presentada cromáticamente en toda la gama de marrones y grises en contraste con los luminosos blancos de los muelles del buque y la ropa de los pasajeros. La cubierta superior del barco constituye un tercer nivel desde el que ciudadanos de la época actual, vestidos con traje de negocios, observan y juzgan.

La elección de un cielo gris y de textura metálica sobre el que se recorta la silueta del barco es un signo claro de que la tranquilidad y el aparente optimismo que parece rodear a los pasajeros de la travesía oculta una realidad fría y desagradable, un pasado que cuesta mucho justificar y que plantea una cuestión que inevitablemente desconsuela, también al ciudadano actual: ¿cómo se habría comportado cada individuo encontrarse en la misma situación que esa carcelera, en la situación de muchas de las personas -no malas personas, en principio- que fueron colaboradores necesarios del holocausto nazi por el mero hecho de coincidir en un lugar y momento determinados de la historia?

Daveda Karanas (Lisa), Nikolai Schukoff (Walter)Yendo un poco más allá, no cabe duda de queLa pasajera también sitúa al espectador en una posición incómoda en el momento político actual, en el que, con cada vez más frecuencia abundan los ejemplos de que lo políticamente correcto puede ser antónimo de lo bueno y lo justo: el ser humano puede justificar y deshumanizar al otro cuando lo contrario pueda tener consecuencias negativas o simplemente no deseables para su persona o sus allegados. Pero ese “otro” se resiste a su deshumanización. En la ópera, Tadeusz, violinista prometido de Marta, ejemplifica este sentimiento cuando, en lugar del estúpido vals (el vals del infierno) que der Kommandant le ordena tocar, interpreta la Chacona para violín en re menor de Bach y es por ello ejecutado. La pieza, interpretada por el holandés Stephen Warts, comienza como un solo de violín y pronto es secundada por el resto de la orquesta.

Volviendo a la tendencia a la autojustificación a la que tiende el ser humano, dicha situación es claramente la de Lisa, la carcelera nazi que se enfrenta con su pasado al reconocer a la prisionera Marta, a quien maltrató psicológicamente, entre el pasaje del barco.

Los elementos descritos socaban los sentimientos del espectador actual en la medida en la que esta ópera -como indica Arnoldo Liberman- “es también una pregunta dirigida a nuestro centro mismo de gravedad emocional y psíquica”, dado que “no sólo habla de lo visible, de lo real, de lo sucedido, sino también de lo indecible, de lo imposible, del enigma del ser humano.” En el interior de éste imperan las medias verdades o, mejor dicho, realidades no absolutas, que abarcan la casi infinita gama de grises que van de la tenebrosa oscuridad del piso de debajo de la escena a la luminosa claridad de la cubierta del barco.

Fechas de función de La pasajera: 1, 4, 7, 10, 13, 18, 20 y 24 de marzo.

Ficha técnica

La pasajera

Melodrama en dos actos

Música de Mieczysław Weinberg (1919-1996)

Libreto de Alexander Medvedev, basado en la novela homónima (1962) de Zofia Posmysz

Estrenada en versión semi escenificada en el Auditorio Internacional de Moscú el 25 de diciembre de 2006 y en versión escenificada en el Festival de Bregenz el 21 de julio de 2010

Estreno en España

Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con Bregenz Festival, el Teatr Wielki de Varsovia y la English National Opera

Equipo artístico

Dirección musical: Mirga Gražinytè-Tyla

Dirección de escena: David Pountney

Escenografía: Johan Engels

Vestuario: Marie-Jeanne Lecca

Iluminación: Fabrice Kebour

Dirección del coro: José Luis Basso


Reparto

Marta: Amanda Majeski

Tadeusz: Gyula Orendt

Katja: Anna Gorbachyova-Ogilvie

Krzystina: Lidia Vinyes-Curtis

Vlasta: Marta Fontanals-Simmons

Hannah: Nadezhda Karyazina

Ivette: Olivia Doray

Alte: Helen Field

Bronka: Liuba Sokolova

Lisa: Daveda Karanas

Walter: Nikolai Schukoff

Älterer Passagier / Steward / Kommandant: Graeme Danby

Oberaufseherin / Kapo: Géraldine Dulex

Hombres de las SS: Hrólfur Sæmundsson, Marcell Bakonyi y Albert Casals

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

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