«Me acerqué más. El hombrecito parecía ser un vagabundo tirolés. Estaba delante de las ventanas del hotel, con una pierna adelantada, la cabeza echada hacia atrás y, rasgueando la guitarra, cantaba con distintas voces su graciosa canción. De inmediato sentí ternura por ese hombre y agradecimiento por la sacudida que había producido en mí».
León Tolstói, en su juventud, viajó por diversos países de Europa. Como buen aristócrata ruso que era, en un país en el que Francia fue espejo y modelo hasta el comienzo del siglo XX, recorrió algunas de las principales ciudades francesas y suizas. Durante este breve periplo para conocer algo de mundo, Tolstói disfrutó del teatro, de la ópera y de la música. El escritor y filósofo era un melómano del cuarto arte, disfrutaba de la belleza de la ejecución de cada pieza y de las emociones que cada músico o cantante despertaban en él.
Fruto de su pasión por la música clásica y el arte fueron escritos los relatos Lucerna y Albert. Ambas creaciones, que se encuentran en la frontera entre el Tolstói de juventud y su obra de madurez, fueron publicadas en 1857 y 1858, respectivamente. Ambas comparten rasgos muy similares: una raison de vivre poderosa, en la que abundan las alegres descripciones y personajes con los que sucede una rápida identificación entre ficción y lector a pesar de que, en ocasiones, poseen biografías bastante tópicas, teniendo en cuenta el contexto literario en el que fueron escritas.
La belleza de Lucerna y de Albert transcurre más en la rutilancia del contexto que rodea a los personajes que en el propio progreso de la trama. Este rasgo, muy característico de las primeras creaciones del maestro ruso, las convierten en unas narraciones alegres, distendidas y muy diferentes a las que el gran público está acostumbrado a leer, como es el caso de Los cosacos, Guerra y Paz, Anna Karénina o Resurrección, escritas unos años después.
Lucerna ofrece un paseo por la ciudad suiza en el que su protagonista, el príncipe D. Nejliúdov, encarna una parte de las vivencias del propio autor. Las refinadas observaciones de Tolstói en boca del personaje permiten el contraste entre la exuberante naturaleza que rodea la ciudad de Lucerna y su candente cosmopolitismo. Rincones como el malecón a orillas del Lago de los Cuatro Cantones o el Hotel Schweizerhof, presente en la actualidad, con sus veraneantes adinerados ingleses, franceses, alemanes y rusos ofrece una imagen a medio camino entre las causas de la génesis de la prosperidad del país montañoso y su realidad actual. La música, como ocio, pasión efervescente y refinamiento se convierten desde el primer momento en el leitmotiv de un relato colmado de amor por la vida y de una constante búsqueda de la alegría, cuando no del hedonismo.
Por su parte, Albert homenajea a un músico que el genio ruso escuchó en San Petersburgo y de cuyo virtuosismo quedó maravillado. Albert, violinista maníaco y de férrea voluntad, conoce en una fiesta en un prostíbulo al joven rico Delésov, quien llega a quedar tan admirado por el talento del artista que lo invita a vivir con él. La convivencia de los dos hombres será tensa, extraña y desalentadora, en tanto que muy humana: como le sucedió a la persona real, Albert vive la desdicha propia del artista.
Porque, una vez que ambos relatos quedan despojados del don hacia la prosa de Tolstói, la realidad de la sociedad europea de su época, incluyendo la verdad tragicómica del artista, sale a la luz la pobreza y la inclemencia de una sociedad que adora y encumbra el prodigio intelectual, al mismo tiempo que lo denigra desde la burricie de sus precarias ocupaciones, son el fondo lo que resuena en ambas composiciones literarias. Una explotación que, en nuestro siglo XXI, sigue vigente, cuando la mayoría de gremios artísticos carecen de una sindicación y una colegiación capaces de garantizar un futuro digno para quienes se dedican a estos oficios.
De la mano de Acantilado, Lucerna y Albert regresan al panorama hispanoparlante en una elocuente y cuidada traducción de Selma Ancira y en un formato de alta calidad, grata lectura y belleza desde su portada. No se pierdan esta joya.