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Novela

John Banville: Nocturno de Venecia

lunes 04 de mayo de 2026, 02:00h
Actualizado el: 05/04/2026 10:02h
John Banville: Nocturno de Venecia

Traducción de Antonia Martín Martín Alfaguara. Barcelona, 2026. 320 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 10,99 €. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 vuelve con una propuesta donde podemos disfrutar de dos por uno: Banville y su alter ego Benjamin Black se entrecruzan en una inquietante trama

Por Carmen R. Santos

Venecia es uno de los lugares que más turismo atrae hasta haberse producido una enorme masificación. Lo denunció la escritora norteamericana Donna Leon, quien, enamorada de la ciudad de los canales, se instaló en ella en 1981, y se marchó en 2016, precisamente por ese motivo. Aunque continúa visitándola, donde se ambienta su serie de novelas protagonizadas por el comisario Guido Brunetti, en títulos como, entre muchos otros, Sangre o amor, Esclavos del deseo, Cosecharás tempestades, y El fuego purificador,.

John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) no ha vivido en Venecia, pero ha confesado que desde la década de los sesenta del pasado siglo acude allí, sobre todo de un tiempo a esta parte cada mes de enero, pues forma parte del jurado de un premio literario. A Banville, le parece “una ciudad bellísima, pero también tiene un lado muy oscuro. Recuerdo estar paseando por ella con mi mujer, y un instante después de coincidir ambos en su encanto bajo la luz de la luna, nos salió al paso una rata enorme”. Por cierto, encuentro que le sucede al protagonista de Nocturno en Venecia, quien no tiene buena opinión de la ciudad: “¿Por qué, ay, por qué, me pregunté, había accedido a ir a esa deprimente ciudad anegada y artificial?”.

La Serenísima, nombre oficial de Venecia, que, ciertamente no deja de resultar sarcástico, si pensamos en lo que sucede en la última obra de Banville, y no solo en esta. Hay numerosas ficciones, aparte de las de Donna Leon, que la toman como escenario, como, entre otras, El placer del viajero, de Ian McEwan -llevada al cine por el tan retorcido como deslumbrante Paul Schrader, bajo el título de El placer de los extraños-; El vampiro Armand , de Anne Rice; El puente de los asesinos, séptima entrega del popular capitán Diego Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte; No mires ahora, de Daphne du Maurier; Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh, Al otro lado del río y entre los árboles, de Ernest Hemingway y quizá la más célebre y brillante de todas, La muerte en Venecia, de Thomas Mann, a la se hacen varios y significativos guiños en Nocturno de Venecia.

En la novela de Banville, nos encontramos en las postrimerías del siglo XIX, a punto de entrar en la nueva centuria. Evelyn Dolman, escritor británico de guías turísticas -no ha tenido éxito en otros géneros, definiéndose a sí mismo como “escritorzuelo de tres al cuarto”-, acaba de casarse con Laura Rensselaer, hija de un norteamericano poseedor de una inmensa fortuna, y hermana de Thomasina, que no ve con buenos ojos la boda. Evelyn Dolman y Laura, a quien inopinadamente su padre ha desheredado, van a pasar su luna de miel, alojándose en el suntuoso pero un tanto decrepito Palazzo Dioscuro, propiedad del conde Michelelangelo Barbarigo, aristócrata venido a menos que se ve en la tesitura de alquilar habitaciones a turistas en su palazzo, que es “un rompecabezas alambicado”. Igual al que se enfrenta Evelyn Dolman, y con él los lectores.

Pero más que deliciosa luna de miel será un infierno, repleto de trampas, misterios -incluida la desaparición de Laura-, engaños, y traiciones en una suculenta intriga, con toques eróticos y fantasmagóricos que nos evocan Relato soñado, de Arthur Schnitzler, base del filme Eyes Wide Shut de Stanley Kubrick, y Otra vuelta de tuerca, del muy admirado por John Banville Henry James, de quien precisamente toma una cita de esa obra, para encabezar la suya: “Todo el principio lo recuerdo como una sucesión de altibajos, un vaivén de emociones mejores y peores”.

Banville dosifica la intriga en un carrusel de sorpresas, y sin renunciar a la elegante y precisa prosa que derrocha en sus novelas así firmadas, echa mano de su alter ego Benjamin Black -responsable de su serie policiaca-en una novela que bien podrían haber rubricado ambos.

El narrador de la historia es su protagonista, Evelyn Dolman, que nos habla, dirigiéndose a nosotros, los lectores, desde un presente en el que rememora el pasado –“El verdadero conocimiento solo nos llega cuando volvemos la vista atrás”-, lo ocurrido en ese fatídico viaje a la Sereníssima, donde halló de todo, menos serenidad y descubrió que “en el mundo tal como ahora sé que es, todo es posible y no hay atrocidad de la que ninguno de nosotros sea incapaz”.

Desde el comienzo, a Evelyn Dolman le asaltan inquietantes sueños recurrentes –“crepúsculo, una habitación desierta, un retazo de seda negra sobre una mesa de mármol, aguas que se oscurecen más allá” y tenebrosos presagios como le sucedía al también escritor Gustav von Aschenbach, protagonista de La muerte en Venecia, llevada al Séptimo Arte magistralmente por Luchino Visconti. Si Aschenbach se encuentra a un hombre pelirrojo de tez muy blanca, mirada intensa y vigilante y un aspecto siniestro, en el camino de Dolman se cruza Frederick FitzHerber, que desempeñará un papel esencial en la trama, a quien describe como un rostro de rasgos llamativos: “La tez presentaba una delicada palidez, más o menos del color del suero de la leche, el cabello era una masa de rizos rojizos […] y sus ojos poseían una tonalidad verde mar al mismo tiempo intensa y casi transparente. Tenía las cejas muy arqueadas en los vértices, lo que le daba un cómico aspecto demoníaco”.

Y si Gustav von Aschenbach siente una irresistible atracción hacia el bello adolescente Tadzio, Dolman quedará hechizado por Cesca Ransone, “de lustrosa y exuberante cabellera rojiza” -recordemos que el pelo rojo se asociaba tradicionalmente con Judas, y por extensión con el diablo y el mal-, la hermana gemela de Frederick FitzHerber, lo que hace planear cierta ambigüedad sobre Evelyn -nombre no elegido al azar que puede ser tanto femenino como masculino- Dolman, quien confiesa que, desde la infancia, albergaba ‘el secreto anhelo de saber lo que sería ser mujer”, señala que “¿no vienen a ser los gemelos, de una manera inquietante, un organismo único que habita en cuerpos distintos?”, y, recuerda que cuando iba a los prostíbulos de Battersea, con el corazón desbocado ante la perspectiva de comprar el cuerpo de una mujer, y aún más, por experimentar “el viejo y oscuro anhelo de saber qué sentiría si me compraran a mí, si me compraran y me vejaran y me dejaran despatarrado en la cama”.

Nocturno de Venecia es asimismo un festín de metaliteratura por donde asoman también Alicia en el país de las maravillas, El extraño caso del dr. Jekyll y mr. Hyde, y el rey de los elfos, donde nos preguntamos si finalmente sucumbirá Dolman –“Temía que Venecia fuera mi ruina, Temía mi perdición, sí, pero a una parte de mí le entusiasmaba secretamente la perspectiva. Pues creo que a estas alturas lo que deseaba secreta y más fervientemente era nada menos que la absoluta claudicación moral”- a la turbiedad veneciana, que no deja de ser la suya propia, en esta novela poblada de turbios personajes. Descúbranlo en esta obra que nos regala dos por uno: John Banville y Benjamin Black.

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