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la comida como protagonista

Un barco de tres estrellas

martes 16 de junio de 2009, 22:01h
Lo menos importante es comer bien en alguna ocasión en un barco. Ya me ha ocurrido algunas veces. Lo que me parece interesante es que la evolución de la gastronomía española está llegando a todos los rincones y a todos los lugares, hasta los más insospechados. Como ya he dicho en alguna otra ocasión, España está aportando al mundo una nueva actitud ante la comida, la actitud de libertad, la libertad de los cocineros a la hora de crear y la libertad de los comensales a la hora de comer en la forma y modo que estimen más conveniente.
La libertad del cocinero y del comensal

Esa influencia ha llegado a los restaurantes y a las casas de comidas, no sólo en España sino en el extranjero. La nueva cocina española, la cocina de las tapas, la cocina “de altura”, la cocina creativa, se está imponiendo en todos los rincones del mundo.

Quiero destacar que, a partir de niveles económicos en los que es posible elegir el tipo de comida y la forma de alimentarnos, la evolución ha sido extraordinariamente positiva. Los clientes exigen más en los restaurantes pero, al mismo tiempo, valoran el esfuerzo que realizan en la cocina, en la sala, en la bodega, los diferentes profesionales y están dispuestos a pagar más por la calidad. Y no sólo por la de la cocina sino también por la de la materia prima, el servicio, la atención, el marco, la decoración, en fin, todo lo que tiene relación con la buena mesa. Además, quieren comer mejor en sus casas, en el trabajo, en todas partes, incluyendo en los aviones, en los trenes o los barcos.

La buena comida de a bordo
Incluso en los barcos privados, en los cuales antes la comida era algo pasajero, superficial y a lo que no se le daba demasiada importancia, como en cualquier otro momento o lugar, la comida ha acabado por convertirse en protagonista.

Yo he tenido la ocasión de estar dos días en un barco privado español, con dos cocineras, TANIA y CARMITA, verdaderamente extraordinarias. Han aprendido a cocinar en una casa particular y han trasladado su capacidad a la mínima cocina de un yate privado.

Todo, desde el desayuno hasta la cena, ha sido auténticamente de primera clase. El pan de pueblo, maravillosamente tostado; un Aceite de Oliva Virgen Extra español, el Picual, ideal para el pan; mermeladas de varios sabores, frutas y yogures, cereales, la posibilidad de elegir cafés y muchas cosas más.

Unos platos excelentes y grandes vinos
De las comidas, quiero recordar unos tomates rellenos con ventresca de atún de lata, de El Consorcio, una maravilla; una lubina auténticamente “salvaje” con unas bolitas de patata, primero cocidas y luego simplemente salteadas con muy poco aceite; un jarrete de ternera en su punto y un estupendo bacalao ajo arriero con patatas fritas, sin más.

Junto a la comida, los vinos. Desde una Vega Sicilia hasta un Chateaux Latour del 99; desde un Chablis hasta un Clos de Mouches del 2000, extraordinarios. Además, un blanco Riscal Verdejo de 2008 y un tinto Riscal Reserva de 2004. Incluso, un fantástico Oporto de 30 años. Y, quizás, lo más divertido, una Sangría de Champagne y Riscal Reserva 2004.

La máxima atracción fue, como siempre, el jamón de cerdo ibérico puro de bellota. En este caso, el loncheado a mano por Florencio Sanchidrián y envasado al vacío por Real Jamón.

Por último, una mesa maravillosamente bien puesta, con flores, diferentes vajillas y una cubertería de plata magnífica de Espuñes.

En el fondo, los anfitriones piensan que junto al mar, el barco y la belleza de la costa y de los pueblos, los invitados deben disfrutar también con la comida. Como decía Brillat-Savarin, cuando invitas a alguien a tu casa o a tu barco “te haces cargo de su felicidad hasta que se va”. Y una parte fundamental de esa felicidad es disfrutar comiendo y bebiendo.