Hay quienes afirman –los teatreros sobre todo- que si el Teatro gozara de la misma promoción por parte de los medios de comunicación con que cuenta el fútbol, no habría una sola butaca libre en ninguno de los teatros de gestión privada.
Hay quienes afirman –los teatreros sobre todo- que
si el teatro gozara de la misma promoción por parte de los medios de comunicación con que cuenta el fútbol,
no habría una sola butaca libre en ninguno de los teatros de gestión privada, que pugnan a diario por conseguir la dádiva de unos instantes entre las horas que todos los medios dedican a esa cosa del balón cuyo éxito de masas parece deberse a la libertad de manifestar el lado fiero de los individuos, lanzando cuantos exabruptos les vengan en gana, y no al gusto por un espectáculo cuyos modos estéticos y pedagógicos solo fomentan una cultura barata cada vez más alejada de lo artístico, que no puede compararse con los del teatro.
Mientras la
economía del fútbol alcanza el absurdo y obliga al otrora deporte a volver al espíritu que impulsó a la Britania de la Edad Media a adoptar el juego de pelota traído por los romanos. Aquel juego que tuvo grandes altibajos: desde ser prohibido por su carácter violento, hasta ser acogido y utilizado como deporte nacional en las islas británicas donde a primeros del siglo XIX comenzó a practicarse como “dribbling-game” en las escuelas y de ahí pasó a las universidades de Oxford y Cambridge, se escribieron las primeras reglas y apareció en 1848 el Primer Reglamento. Ya en 1863 fue creada la “Football Association”. Había nacido el “Juego Moderno” o “Fútbol Asociado”; un enemigo del teatro.
Los políticos ya no utilizan apenas el teatro como
medio de adoctrinamiento porque prefieren el efecto narcotizante del “Juego Moderno”; el mismísimo presidente Zapaparo prefiere y opina de fútbol, nunca aparece por un teatro y nombra a una ministra del ramo, Ángeles González-Cine que ni quita ni pone Ley pero ayuda a su señor (el Cine) con muchos millones de euros, más lo del Canon ese, más el cinco por ciento de la facturación de las televisoras… Además, toda película que se ruede, tiene una ayuda del quince por ciento de la inversión y si supera los trescientos treinta mil euros, recibirá hasta la tercera parte de lo que digan los productores que han invertido, siempre que el elenco de actores, director y demás hierbas cumplan ciertos requisitos…
Conviene recordar a la ministra del cine aquel consejo de Jardiel Poncela a José López Rubio (ambos autores teatrales, Sra. Ministra, y el segundo, director de cine durante una década): “Debías lanzarte a hacer solo teatro y dejar el cine a los que no saben hacer otra cosa, que es para quien existe”.
