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Al frente de la Sinfónica de Madrid

Eun Sum Kim, primera mujer que dirige una ópera en el Teatro Real

lunes 19 de abril de 2010, 10:45h
La joven coreana Eun Sum Kim lleva en Madrid casi dos años. Su andadura en España empezó cuando en 2008 resultó ganadora del primer premio de la segunda edición del Concurso Internacional para Jóvenes Directores de Ópera Jesús López Cobos y, a partir de entonces, ha ocupado el cargo de directora asistente en el Teatro Real en estrecha colaboración con el director zamorano.
Anoche, sin duda, era la velada de su gran debut, al frente de la Orquesta-Escuela de la Sinfónica de Madrid, para dirigir la ópera de Rossini Il viaggio a Reims, en una producción realizada dentro del Proyecto de Ópera-Estudio con jóvenes cantantes. Fue la ocasión para, desde las primeras notas, demostrar su gran talento, esa unión a fuego con la música imposible de romper que la joven directora reconoce tener desde que, con tres años, se sentó al piano y tocó, sin equivocar una nota, la lección que escuchaba dar a su madre, profesora de piano en Seúl. Al final, un público que supo conquistar durante las más de dos horas y media de representación, aplaudió entusiasta a la directora coreana que volverá a meterse en el foso del Real el próximo miércoles en la segunda función de la divertida y ligera ópera de Rossini, dirigida a un público infantil, y que repetirá el día 25 en el Auditorio de la Universidad Carlos III de Madrid, institución que colabora con el coliseo de la Plaza de Oriente en unos proyectos pedagógicos cada vez más importantes a nivel internacional.

La otra gran triunfadora de la noche ha sido María Eugenia Boix, la joven soprano nacida en Monzón, que fue la elegida por el Teatro Real de Madrid para interpretar a Corina, la arrebatadora poetisa protagonista de Il Viaggio a Reims, dentro del taller escénico y musical que durante semanas ha congregado en Madrid a todos los participantes ganadores de las becas y que han contado con la figura del tenor argentino Raúl Giménez como maestro de canto. Su interpretación de una de las arias que Rossini escribió para Corina, toda una joya del repertorio belcantista por su coloratura, que canta acompañada de un arpa desde el palco real, ha sido el momento en el que más ha brillado y que le ha valido entusiastas exclamaciones de bravo que no han esperado hasta el final de la obra, cuya dirección de escena ha sido a cargo de Emilio Sagi.

El experimentado director de escena asturiano ha presentado un escenario tremendamente sencillo para convertir el Albergue del Lirio de Oro, donde el compositor italiano ambientó su obra dedicada a la coronación del rey Carlos X de Francia, en un moderno balneario con muy pocos elementos en los que domina el color blanco y la luz del mar. Una escena quizá demasiado estática, salvo por los dos momentos en los que la acción se traslada más allá del escenario: el citado aria de Corina cantada en el palco real y la aparición del recién coronado rey, un niño que, para delirio de los demás pequeños que anoche acompañaban a sus padres en el Real, atraviesa con globos y caramelos el patio de butacas.


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