Para desmentir o aseverar todas estas afirmaciones, el prestigioso gastrónomo y escritor Ismael Díaz Yubero, Académico de Número de la Real Academia de Gastronomía, Premio Nacional de Gastronomía y Premio Alimentos de España; y el periodista José Luis Murcia se han unido para escribir un libro a cuatro manos:
¿Verdad? ¿Mentira? La respuesta a los mitos más frecuentes de la alimentación (Everest, 9,95 euros).
En la obra se formulan 100 preguntas de las más habituales en el mundo de la alimentación, contestando y razonando simplemente si esa afirmación es verdad o mentira. Por ejemplo: ¿Son malas las carnes rojas? ¿La comida basura envenena? ¿Engorda el melón? ¿Debe pelarse la fruta? ¿Es malo el café? ¿Todos los pescados tienen anisakis? ¿Altera el microondas a los alimentos? ¿Es mejor la leche de soja que la de vaca? ¿Engordan los alimentos light? ¿Tiene el aceite de oliva menos calorías que la mantequilla? Lo esencial es que la respuesta tajante a esas afirmaciones (o preguntas) se desglosa en verdad o mentira y a explicar por qué es la primera o la segunda.

En su estupenda introducción, Díaz Yubero y Murcia nos recuerdan que “los cambios producidos en la alimentación durante los últimos años han sido muy profundos. Para comprenderlos basta comparar las referencias alimentarias que existían en las tiendas de ultramarinos de los tiempos de nuestros padres con las que actualmente podemos encontrar en los establecimientos de alimentación”.
Como señalan también: “Hay mitos que son verdades rotundas, otros solo llegan a medias verdades e incluso los hay que son enormes mentiras. Son casi infinitos, pero hemos elegido algunos de los más populares para que sirvan de ejemplo al lector y le ayuden a construir sus criterios alimentarios”.
Unas cuantas verdades Entre las verdades: la prevención de las enfermedades nutricionales comienza en el biberón, los hornos microondas alteran los alimentos, los productos con Denominación de Origen son mejores que los convencionales, fumar ayuda a adelgazar, es bueno comer sentados sin realizar otra actividad, la práctica de deporte hace perder peso, el café es un buen estimulante y no hace daño. También: el consumo de frutos secos retrasa la aparición de algunas enfermedades, el licopeno del tomate y el sulfurano del brécol ayudan a prevenir el cáncer, los ajos contienen antibióticos, las grasas “trans” son perjudiciales para la salud, el jamón de York es más digestivo que el jamón serrano, la leche desnatada tiene menos calcio y más vitaminas que la leche entera, el consumo de queso es recomendable en la tercera edad, la miel es muy buen edulcorante y el chocolate crea adicción.
Y otras tantas mentiras Para los autores hay, en cambio, otros “mitos” que son absolutas
mentiras. Por ejemplo, que la cocina de vanguardia abusa de la química, que la comida basura envenena, que los alimentos ecológicos son completamente seguros, que los aditivos alimentarios son nocivos para la salud, que la dieta macrobiótica es la más sana, que la dieta vegetariana es muy completa, que la Dieta Atlántica supera nutricionalmente a la Mediterránea, que los alimentos afrodisíacos son muy eficaces. Incluso, que los alimentos light no engordan, que no se debe comer entre horas, que hay que beber mucha agua porque adelgaza, que el consumo de vinos es perjudicial para la salud, que las hortalizas adelgazan, que el gazpacho tiene muy pocos nutrientes, que melón y el plátano son frutas que engordan mucho, que la fruta debe tomarse después de las comidas y nunca a continuación de los lácteos, que los tomates de ahora son peores que los de antes, que las legumbres engordan y no tienen proteínas, que el aceite de oliva tiene menos calorías que la mantequilla, que el pan engorda mucho y la miga aun más, que el pescado congelado tiene menos nutrientes que el fresco, que los huevos son malos para el hígado y alimentan el colesterol, que la leche de soja es mejor que la de vaca, que la margarina es más sana que la mantequilla o que la jalea real es un alimento completo.
En suma, los autores han escrito un libro muy pedagógico y lleno de información; que permitirá que el lector distinga entre las diferentes dietas, con la seguridad de que ninguna es mágica y que no hay alimentos milagrosos, aunque todos incluyan factores positivos.