El planteamiento especulativo de Russo aguantó y casi no fabricó peligro. Los paulistas tampoco arriesgaron demasiado y les faltó precisión en tres cuartos de cancha. El videoarbitraje se tragó un más que posible penalti de Izquierdoz a Marinho.
Triunfó el modelo de repliegue y contragolpe brasileño, más eficaz. La fragilidad defensiva argentina patrocinó un resultado que obliga a dibujar un milagro al cuadro de Gallardo. Sin Carrascal, que se ganó la expulsión retratando la impotencia de su escuadrón.