www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

PRESENTADO COMO NUEVO TÉCNICO

La era Lopetegui en el Real Madrid arranca con ilusión, lágrimas y barro

jueves 14 de junio de 2018, 22:41h
Secundado por el presidente del club, el relevo de Zidane tomó posesión de la manera más rocambolesca. Por Diego García. Estadio Santiago Bernabéu.

Si el operativo que ha desembocado en el fichaje de Julen Lopetegui para ocupar el banquillo del Real Madrid ha sido impoluto, ¿por qué el palco de honor del estadio Santiago Bernabéu ha acogido el ambiente más punzante que se recuerda? En ese distinguido espacio tuvo lugar hace casi dos años y medio un evento similar, en el que la entidad tomaba una decisión que emanaba riesgo y urgencia tras la salida del anterior preparador. Eso sí, en contextos distintos. Aquel 6 de enero de 2016 daba la inesperada bienvenida a Zinedine Zidane, en una escena copada por el protocolo, la gravedad y el obligado respeto al lustre del coloso madrileño. Desembarcaba una oleada de gestión prudente de las emociones y el discurso que devendría en tres Ligas de Campeones. Se volcaba sobre el incendio que asomaba la mejor anestesia conocida en Concha Espina.

Entonces, sobrevolaba también un vendaval que circundaba a la directiva, pues horas antes se había despedido a Rafael Benítez, al que el vestuario ganador de todo no tragó y empujó hasta la salida. Florentino Pérez desplegó, como este jueves y cuando prescindió de Carlo Ancelotti o de Mourinho, la hipótesis por la que su equipo (más bien su gestión) es atacado por enemigos íntimos que pretenden manejar los designios de tan faraónica institución. Erigiéndose en el defensor excluyente de ese "madridismo que crece exponencialmente". De esa amalgama sentimental de millones de personas que, recalca, son asediados por campañas perennes de desprestigio. Aunque un porcentaje de ese mantra resulte certero, la asiduidad recurrente del uso de dicho argumento lo ha uniformado de coletilla válida sólo para una porción de la hinchada merengue.

El caso es que de vuelta al presente, el palco de honor del recinto de Chamartín ha vivido un encuadre particular. Los medios de comunicación han sufrido controles más escrupulosos que el puñado de aficionados radicalizados que han compartido sala y "vino español" con los profesionales del fútbol y del periodismo allí congregados, desvirtuando los motivos laborales que han citado a estos dos últimos grupos. Con miembros de la junta directiva, socios compromisarios, funcionarios del club -como Raúl o Arbeloa- y familiares del seleccionador español hasta este miércoles presentes. La pregunta sobre el motivo por el que se ha inyectado una minoría exaltada de la hinchada en ese otrora riguroso y protocolario acto arribó en cuanto comenzó la comparecencia de prensa al uso.

Presidente y nuevo entrenador efectuaron sendos discursos críticos con la reacción de Luis Rubiales, máximo mandatario de la Federación Española de Fútbol y ansioso de legitimidad. "Es inevitable hacer algún comentario a los acontecimientos de las últimas horas", avanzó Pérez antes de explicitar el nudo de su argumentario: "No hay precedentes en la historia del fútbol que un acuerdo así (a dos días del comienzo del Mundial) se haya considerado deslealtad. Los que mezclan las cosas tienen un sentido patrimonial de las personas e instituciones ya superados en la España del siglo XXI". "Lo que debería ser un acto de normalidad se fue transformando en una absurda reacción de orgullo mal entendido para desprestigiar al Real Madrid", acusó al dirigente de la RFEF. Y denunció que Rubiales respondió de manera "desproporcionada e injusta".

Lopetegui rompió a llorar al confesar que hace unas horas -al ser despedido y despojado de dos años de brillante trabajo al frente de la selección nacional- atravesaba el peor día de su vida, después de aquel en el que falleció su madre. Y se emocionó al acabar esa reflexión destacando que esta jornada era la más feliz. Porque "vuelvo a casa", dijo, y "es una responsabilidad que asumo con orgullo y con fuerza. Sé al club que vengo y sé que es la máxima exigencia". "Aquí todo no vale", expuso en una zancadilla sin destinatario claro, para esperar las preguntas de los medios de comunicación toda vez que proclamara la lealtad como el mayor valor básico aprendido en su paso por la Ciudad Deportiva merengue -como jugador y entrenador del Castilla-.

Después de cada parón efectuado por Pérez y Lopetegui en sus alocuciones emergía una ovación atronadora que remarcaba la atmósfera particular de la tarde. Cualquier paralelismo con la norma señorial de este tipo de acontecimientos en el Bernabéu constituiría una anécdota a partir de entonces. Y la cara más tenebrosa del sonoro espaldarazo sobrevenido a la gestión de Florentino, y en contra de la prensa, tomaría forma de la peor manera: la fanática minoría sentada en butaca exclusiva repudió las cuestiones incómodas lanzando exabruptos con atención fiscalizadora y la permisividad (o desatención) del club.

Al "manipuladores" inaugural se superpondrían, con celeridad, menciones a la madre y al poderío monetario de los periodistas que incidían en el carácter rocambolesco del aterrizaje en la capital de un Lopetegui dolorido. La riqueza del castellano en su vertiente ofensiva volaba, fuera del radar de los micrófonos y cámaras que atestiguarían sólo las palabras de los protagonistas. Entre ellas, la herida sangrante sufrida por el seleccionador despedido (tildó de "mediocre" a la reacción de Rubiales). Y la cima del extraño paisaje se experimentó cuando los camarógrafos se quejaron porque los aficionados quisieran filmar con sus teléfonos móviles lo que en el escenario ocurría, tapando los tiros de imagen con los que se ganan la vida. En ese punto, ni unos ni otros se contuvieron, con el análisis del entrenador recluido a la categoría de pista sonora secundaria. Todo ello alejado de la señal televisada.

Las escaramuzas y ovaciones se alternarían en una danza ajena a esa sala hasta este jueves. "Vamos a trabajar codo con codo con el presidente Florentino Pérez y con el club para buscar las mejores soluciones. Pase lo que pase tendremos el mejor equipo" y "Cristiano es el jugador que quiero tener a mi lado siempre y el mejor jugador del mundo está en el Real Madrid, no tengo ninguna duda" es lo único que el relevo de Zidane susurró sobre la tarea que comenzará, ha prometido, desde este viernes. Desde luego, tiene trabajo por hacer dentro de ese camarín rebosante de ego -una circunstancia nueva en su currículo- y, también, fuera del vestuario. En este 14 de junio él y su jefe han alzado el telón con una teatralidad y tono que no riman, ni mucho menos, con el remanso que ha edificado una dinastía en torno a la fuente de Cibeles.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.