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TEATRO REAL

Éxito de Pablo Heras-Casado como director de La valquiria, de Wagner

Éxito de Pablo Heras-Casado como director de La valquiria, de Wagner
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(Foto: Teatro Real)
jueves 13 de febrero de 2020, 21:38h
El público del Teatro Real ovacionó al director de orquesta granadino Pablo Heras-Casado, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, en el estreno de la reposición en Madrid de esta producción alemana de “La valquiria”, cuya concepción escénica es obra del canadiense Robert Carsen y del anglo-irlandés Patrick Kinmonth.

Un buen estreno. Así puede calificarse la acogida del público de Madrid a la ópera “La valquiria”, la segunda de la famosa Tetralogía Wagneriana, o “Anillo del nibelungo”, que se está presentando en Madrid en una producción invitada, de la Ópera de Colonia, cuyo primer título “El oro del Rin”, se estrenó en el coliseo madrileño el 17 de enero del año pasado, con idéntico director musical y misma orquesta del Teatro Real. Se cumple así con una cita anunciada con ocasión del primer estreno de la tetralogía: que el anillo se presentaría a lo largo de cuatro temporadas sucesivas. Por lo tanto, el público de Madrid podrá seguir deleitándose en años venideros con los otros dos títulos de la tetralogía, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”, obras que el genio alemán compuso entre 1848 y 1874 y que forman parte del llamado Canon de Bayreuth, por representarse en el festival de dicho nombre tal y como fue definido por el mismo Richard Wagner y su segunda esposa, Cósima (incluye las últimas óperas compuestas por Wagner, de un total de trece).

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Heras-Casado, director principal invitado del Teatro Real, ha sabido posicionarse en los últimos años como uno de los célebres jóvenes maestros de orquesta a nivel internacional. Aunque ha trabajado sobre todo en el plano sinfónico, también ha dirigido óperas (“L’élisir d’amore”, al frente de la English National Opera, “Rigoletto”, al frente de la “Welsh National Opera”, o “Rise and Fall of the City of Mahagonny” en el Teatro Real de Madrid). Su dirección ayer de “La Valquiria” fue muy correcta, si bien habría que calificarla, en el aspecto estilístico, de algo “plana”: no llegó a expresar todos los matices que impone la exquisita escritura wagneriana. Heras-Casado estuvo pegado en todo momento a la partitura, que resultó excesivamente medida, con el consecuente perjuicio para el lucimiento de los cantantes, de los que se echó de menos agudos prolongados en partes cruciales de la obra; por ejemplo, en el Acto III, cuando Sieglinde recoge de Brünnhilde, la valquiria guerrera, los restos de las espada de Siegmund, para que el hijo que lleva en su vientre (Sigfried, protagonista de la tercera ópera de la tetralogía) y fruto de su relación incestuosa con su hermano gemelo, Siegmund, ejecutado por su padre el dios Wotan (este obedece así a la exigencia de su mujer legítima, Fricka, celosa de la relación ilegítima de Wotan que engendró a los gemelos, y amantes, Siegmund y Sieglinde), la forje de nuevo haciéndola así aún más poderosa.

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En el aspecto vocal destacó el larguísimo dúo entre Wotan y su hija Brünnhilde, la valquiria predilecta, también en el III Acto, cuando éste debe separarse de ella para siempre tras condenarla, por haber intentado salvar a Siegmund, a la mortalidad y a ser poseída por el primer valiente que consiga franquear las corona de llamas que, en adelante, la cercarán.

El personaje de Wotan corrió a cargo de Tomasz Koniaczny. Este estupendo bajo barítono ha cantado los principales roles wagnerianos de su registro. Su interpretación en la première madrileña de ayer fue la más convincente, junto con la de Ricarda Merbeth en el papel de Brünnhilde. Esta soprano alemana posee una voz redonda y homogénea en todas las notas de su registro vocal, con buenos pasajes de la voz de pecho a la voz media, y de esta a la de cabeza. No es una soprano wagneriana grande, sino una soprano lírica, incluso llena, que satisfizo las exigencias del papel, tanto en potencia y modulación como en ejecución dramática, y demostró una gran resistencia vocal pese a lo extenso de su papel. Merbeth, que canta regularmente en la Bayerische Staatsoper de Múnich, la Staatsoper y la Deutsche Oper de Berlín, así como en el Teatro alla Scalla de Milán, la Opéra nationale de Paris y el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, ha sido Giulietta en “Los cuentos de Hoffmann”, la condesa en “Las bodas de Fígaro”, doña Anna en Don Giovanni, Fiordiligi en “Così fan tutte” o Pamina en “La flauta mágica”. En la ópera wagneriana ha interpretado papeles principales como el de Isolda en “Tristán e Isolda”.

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En el papel de Sieglinde cantó Adrianne Pieczonka, una soprano canadiense graduada en la Opera School University de Toronto que inició su carrera como miembro estable de la Volksoper de Viena y con un repertorio que va desde el papel de Senta, en “El holandés errante”, del mismo Wagner, al de Amelia, de “Un ballo in maschera”, o Elisabetta, de “Don Carlo”, de Verdi. Pieczonka es una soprano spinto con un buen metal. En el estreno del miércoles pudo mostrar su calidad vocal sobre todo a partir del II Acto, donde el canto, bastante apoyado en la musculatura durante el acto primero, dio paso a un verdadero canto sul fiato.

Con todo, el cantante más valorado por el público fue Stuart Skelton en el papel de Siegmund, un tenor dramático australiano bien dotado para roles alemanes: ha cantado, entre otros papeles, el personaje titular de “Tristán e Isolda”, de Wagner, o Florestan de “Fidelio”, de Beethoven.

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La escena propuesta por Robert Carsen y Patrick Kinmonth, pese a ser algo minimal, consigue atrapar al espectador, especialmente en los cuadros nevados, presentados en colores que van del gris más frío al marrón más cálido, porque ese minimalismo le obliga a concentrarse en la música del genio de Leipzig -de un romanticismo pleno-, inspiradora de tantos autores (Mahler, Debussy, Schönberg..., incluso Puccini…), aunque, como diría el mismo Gustav Mahler, la cosa empezó con Beethoven… El minimalismo escénico también ayuda al espectador a seguir el complicado – a veces confuso- hilo argumental propuesto por Wagner, que bebe de la mitología germánica, presentando dioses y héroes que muestran debilidades y pasiones humanas que no siempre son elevadas. Con Wagner asistimos a una desmitificación del héroe al tiempo que a una ruptura con los elementos clásicos de la ópera italiana: la estructura argumental ya no es, necesariamente, la de la época clásica (exposición – nudo – desenlace), sino que sus límites de desdibujan en un desarrollo más lento y lineal; ya no hay un aria para cada voz: los personajes son los que son, los que exige la línea argumental.

"La valquiria"

Las nueve funciones de "La valquiria" se ofrecen entre los días 12 y 28 de febrero con dos elencos encabezados por Stuart Skelton y Christopher Ventris (Siegmund); René Pape y Ain Anger (Hunding); Tomasz Konieczny y James Rutherford (Wotan); Adrianne Pieczonka y Elisabet Strid (Sieglinde); Ricarda Merbeth y Ingela Brimberg (Brünnhilde), secundados por Daniela Sindram (Fricka) y las ocho valquirias.
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