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Ensayo

Mario Vargas Llosa: El fuego de la imaginación

lunes 16 de enero de 2023, 00:34h
Mario Vargas Llosa: El fuego de la imaginación

Durante los primeros números de enero, Los Lunes de El Imparcial recuperan algunas recientes críticas más leídas de libros destacados. ¡Feliz 2023!

Alfaguara. Barcelona, 2022. 792 páginas. 26, 90 €. Libro electrónico: 12,99 €. Por Adrián Sanmartín

El llamado “boom latinoamericano” fue una eclosión de prodigiosa literatura en español en la década entre 1960 y 1970, protagonizada por autores del otro lado del Atlántico, tres de los cuales se alzaron con el Premio Nobel de Literatura. El guatemalteco Miguel Ángel Asturias (Ciudad de Guatemala, 1899-Madrid, 1974), considerado precursor del fenómeno, el colombiano Gabriel García Márquez (Aracataca, 1927-Ciudad de México, 2014) y el peruano, nacionalizado también español, Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936).

Vargas Llosa tiene en su haber una extraordinaria obra narrativa, desde que debutó en 1963 con La ciudad y los perros -Premios Biblioteca Breve y de la Crítica-, título al que, entre otros, siguieron: La casa verde; Conversación en La Catedral -recuerden la célebre pregunta: “En qué momento se jodió el Perú?-; La guerra del fin del mundo; La fiesta del Chivo; El sueño del celta; El paraíso en la otra esquina; El héroe discreto; Cinco esquinas y Tiempos recios. Pero en su larga y fructífera trayectoria, el ganador del Cervantes y del Príncipe de Asturias también ha cultivado otros géneros. Así, el teatro, con piezas como Kathie y el hipopótamo; El loco de los balcones y Los cuentos de la peste, las memorias -El pez en el agua- y el ensayo -La verdad de las mentiras, La civilización del espectáculo; La llamada de la tribu, una suerte de autobiografía intelectual, y Conversación en Princeton con Rubén Gallo... Igualmente, ha desarrollado una intensa labor en ámbito periodístico. Precisamente esta tarea es la que se propone reunir en cinco volúmenes la editorial Alfaguara, sello que ofrece prácticamente toda la producción del Nobel hispano-peruano, bajo el epígrafe Obra periodística. Ahora acaba de aparecer el primero de ellos: El fuego de la imaginación. En él se incluyen artículos dedicados a asuntos culturales.

El monumental volumen, preparado por el colombiano Carlos Granés –autor de un libro sobre Vargas Llosa y editor de su colección de trabajos Sables y utopías. Visiones de América Latina-, no sigue una ordenación cronológica, sino temática, lo que permite hacer calas en su lectura de acuerdo con nuestros intereses principales. Los aparados son: I. El arte de la ficción: debates y aproximaciones; II. Libros y escritores. Literatura latinoamericana, francesa, anglosajona, española y de otros países; III. Bibliotecas, librerías y universidades; IV. Escenarios; V. Pantallas; y VI. Arte y Arquitectura.

Hay que señalar, no obstante, que todos ellos encierran un enorme atractivo y nos brindan provechosas ideas y comentarios, ya que Vargas Llosa es un lector atento, lúcido y apasionado que nos trasmite esa pasión por la cultura de manera tan luminosa como accesible. Porque bien recuerda Carlos Garcés en su interesante prólogo, lo que confesó Vargas Llosa en su discurso al recoger el Nobel. Destacó que lo más importante que le había ocurrido en la vida, a los cinco años de edad, había sido aprender a leer. Esta decidida puesta en valor de la lectura es algo que nunca debería olvidarse y que pone negro sobre blanco que todo buen escritor comienza por ser un buen lector.

El primer apartado arranca con el discurso, titulado “La literatura es fuego”, que pronunció al recibir el Premio Rómulo Gallegos en 1967, donde ya explicita una concepción del escritor que le acompañará siempre: “Nuestra vocación ha hecho de nosotros, los escritores, los profesionales del descontento, los perturbadores conscientes o inconscientes de la sociedad, los rebeldes con causa, los insurrectos irredentos del mundo, los insoportables abogados del diablo. No sé si está bien o si está mal, sólo sé que es así. Ésa es la condición del escritor y debemos reivindicarla tal como es”. Y remacha: “El escritor, ya lo saben ustedes, es el eterno aguafiestas”. Pero será un rebelde que no aboga por imposibles revoluciones, por utopías que, como se ha comprobado fehacientemente, solo pueden desembocar en distopías, como sucedió con el régimen castrista, saludado al principio positivamente por Vargas Llosa pero del que muy pronto se desencantó. E igualmente, rechazará cualquier dogmatismo y una literatura panfletaria de simplistas recetas, ya que la realidad y el ser humano son complejos y contradictorios.

Luego, entre otras cuestiones, abordará la novela primitiva y la novela de creación en América Latina, o su muy querido asunto de la literatura que es “mentira” y a la vez la mayor “verdad”. Recuérdese que precisamente La verdad de las mentiras se titula una recopilación de trabajos sobre diversas novelas.

Numerosísimos son los nombres y obras que desfilan por las páginas de El fuego de la imaginación: García Márquez, Carlos Fuentes, Borges, José Donoso, Flaubert, Victor Hugo, Hemingway, Faulkner, J. M. Coetzee, Günter Grass, Juan Marsé, Juan Goytisolo, García Lorca, Azorín, Corín Tellado..., junto a cineastas como Bergman, Godard, Buñuel, John Huston...y artistas como Picasso, Giacometti..., sin olvidar dramaturgos: Ionesco, Brecht, Molière... y piezas teatrales, asomando también series televisivas. Porque, en definitiva, Vargas Llosa reivindica la ficción, que no es ni mucho menos un mero entretenimiento. Bien apunta Vargas Llosa: “El gran tema de Don Quijote de la Mancha es la ficción, su razón de ser y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va moldeando, transformando”.

Mario Vargas Llosa no es exclusivamente un soberbio novelista. También es, como podemos comprobar aquí, un magnífico crítico.

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