El chivato
En un teatro de Varsovia han debutado dos robots; unos actores sin alma y sin sexo que, al no lucir género se adaptarían a la normativa aprobada por los responsables -es un decir- de la baraúnda andaluza. Sin riesgo de recibir reprimendas o sanciones, un maestro andaluz podría consentir, a sus alumnos, el uso del epiceno “actores” para designar a la hembra y al macho actuantes, cuya diferencia de género es la misma que existe entre una clavija y su correspondiente base de enchufe (de femenino nombre ambas). Los protagonistas obtienen a diario el mayor éxito registrado en un teatro polaco los últimos años.