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SEXTA LIGA DEL CLUB

Premier League. El Spanish Chelsea, de Mourinho a Conte, gana su segunda Liga en tres años

sábado 13 de mayo de 2017, 15:10h
Año sensacional de Alonso, Costa, Pedro, Azpilicueta y Fábregas. Por M. Jones.

Stamford Bridge volverá a celebrar la conquista de la Premier League tras culminar, este viernes, una temporada de rendimiento tan sobrio y regular que roza el imprevisto. El Chelsea, que sólo tiene seis trofeos ligueros en sus vitrinas (el segundo se logró en 2005), finiquitó con una victoria por la mínima ante el West Brom (0-1, gol de Batshuayi) un recorrido imperial que le ha coronado como patrón del fútbol más pomposo a dos jornadas para la conclusión del calendario. El Tottenham de Pochettino, que suma su segundo subcampeonato consecutivo en el renacimiento propulsado por el técnico argentino y el trío Eriksen, Kane y Delle Ali, no llegó a la orilla en su intensa persecución.

Antonio Conte, de sonrisa perpetua en el viaje que ha nutrido esta exitosa aventura (es el cuarto entrenador que gana la Premier a la primera, con Mourinho, Ancelotti y Pellegrini y se jugará el doblete en la final de la FA Cup ante el Arsenal), es el protagonista de la gloria recién cosechada. Y lo es porque se atrevió a trasladar a un balompié muy particular los presupuestos que vino manejando en Italia, tanto en su participación trascendental en la reconstrucción de la Juventus -que pasó de ascender a la Serie A a ser dictatorial en el calcio- como en el inesperado risorgimento de la selección azzurra que eliminó a España y estrujó a Alemania en la pasada Eurocopa -con un flagrante déficit de calidad en comparación con sus oponentes-. Y es que el que fuera interior guerrero y sacrificado de la Juve de Lippi se ha destacado como un especialista en diseñar fórmulas de regreso al éxito.

Su última obra, quizá la opera magna de su ilustre currículo como técnico, ha arrebatado a Manchester el cacareado protagonismo con el advenimiento de la rivalidad Guardiola-Mou. Mientras que los focos apuntaban a esa ciudad, rellenando páginas con los favoritismos que excluían al campeón final, no tardó mucho la racha hiperbólica que endulzó el resurgir de los blues en tomar vuelo. Le costó a Conte dar con la tecla de una plantilla bajo sospecha, que venía de dormitar (para deshacerse de Mourinho, según apuntan teorías parecidas a las expuestas con el despido de Ranieri) en el curso de la epopeya del Leicester, meses después de triunfar en la Premier (2015). Hazard, Cahill, Fábregas, William, Courtois y compañía eran diana de las pesquisas en la debacle que afligió al club reflotado sobre los petrodólares de Roman Abramovic. Pero el arquitecto correcto aterrizó en el momento correcto. Y la mezcla de la capacidad exacerbada de convicción del estratega y la urgencia por legitimarse de un vestuario notable, pero acusado de irregularidad hasta el punto de poner en suspenso su jerarquía, cocinaron una fórmula de receta italo-británica, aliñada por apuestas personales del técnico.


Marcos Alonso, lateral izquierdo de la Fiorentina, es el nombre que más destaca como pilar del libreto de Conte. Junto al canterano madridista, la recuperación para la causa del cedido perenne Víctor Moses (mutado de extremo regateador e individualista en carrilero profundo) y el fichaje de N´Golo Kante confeccionaron una cohesión sublimada desde el prisma táctico. La intensidad y las ganas de mostrar al planeta la categoría relativizada hicieron el resto. De ese último punto se favoreció la estadística y puntuación del colectivo, pues Diego Costa, Hazard y Pedro mostraron su mejor versión. Y el sistema de tres centrales -entendido como herramienta de equilibrio en el achique y de salida de pelota en ataque-, injertado desde Delle Alpi, completó el guión. Chiellini, Bonucci y Barzagli se tornaron en Cahill, David Luiz y Azpilicueta en Inglaterra con total éxito en un equipo que volaba con espacios, con los laterales anotando y asistiendo (Marcos Alonso anotó seis goles) en toda verticalidad tras robo.

Aún así, el resultado final de funcionamiento automático arrollador, capaz de llevar la iniciativa y de resolver tras atrincherarse y morder por la vía de la eficacia insultante (nadie ha marcado más goles -76- y sólo el Tottenham y el United han encajado menos), no germinó de forma instantánea. Dos meses se mantuvo estudiando Conte el mejor de los dibujos para que su plantilla sintonizara su planteamiento y las necesidades que plantea el estilo del fútbol inglés –que tanto ha castigado a Guardiola en su primera temporada-. El 4-1-4-1 inicial no se asentó y el técnico dispuso de la valentía suficiente para competir en un pentagrama innovador en las islas. “Esa decisión cambió nuestra temporada, fue clave. Teníamos que modificar algo y buscarle un nuevo traje al equipo y siempre tuve la idea de jugar con el 3-4-3, porque sabía que tenía el tipo de futbolistas para hacerlo”, confesó tras ganar en The Hawthorns con gol de un suplente que no ha jugado de titular ni un solo partido liguero.

"Esta es una gran hazaña para los jugadores. Y les tengo que dar las gracias por su compromiso y por su ética de trabajo. Han demostrado una actitud magnífica. Todos debemos estar felices de lo que hemos logrado. Para mí no fue sencillo llegar a Inglaterra y tener que acostumbrarme a los hábitos de aquí, al idioma y a la herencia de unos futbolistas que llegaban tras una mala temporada. Pero todo salió bien y estoy encantado", sintetizó un entrenador que se ha labrado un pedigrí extraordinario en base a tres fundamentos: compromiso, táctica y agresividad (atacante y sin pelota).



Este viernes se ha descorchado el champán en el distrito londinense de Fulham. La ignición impulsada en gran parte del calendario se torció antes de la recta final, por lo que el triunfo no ha estado exento de sudor e incertidumbre. La goleada padecida ante el Arsenal de Wenger (3-0, el 24 de septiembre, que puso la guinda a una inercia negativa de tres partidos encadenados sin ganar) es interpretada como el punto de inflexión del título. No obstante, Conte apostó en el segundo tiempo de aquel sonrojo a probar por introducir su familiar 3-4-3 y el los datos esclarecen el efecto: seis partidos consecutivos sin encajar gol y 13 victorias seguidas. Con el otrora denostado Moses y Alonso como desatascadores y testimonios de lo ofensivo de la propuesta. Azpilicueta pasó del lateral al refuerzo de la zaga y en la cuneta quedarían el United (4-0, el 23 de octubre, con bronca con Mourinho y exhibición de la energética puesta en escena) y el City (1-3, el 3 de diciembre, con remontada y exhibición al contraataque frente a la posesión jurisdicción de Pep).

Ya en abril, el colchón de más de diez puntos se vio pinchado. El cansancio y la exigencia del campeonato (con resbalones sembrados en cada esquina) hicieron mella en una plantilla que quedó con cuatro puntos de ventaja tras caer ante el Crystal Palace (1-2, ante un club que lucha por la permanencia) y el Manchester United (2-0, la venganza de Mou). Entonces, Fábregas saltó a las riendas del devenir, con Matic y Kante fuera de forma por diversos motivos (el francés renqueó de varias lesiones) y sobre su manija y el desaforado acierto goleador de Pedro (con latigazos imprevisibles que son fotografías de la pegada de este club) alcanzaría el Chelsea a reconducir su agotamiento. Precisamente, una diana sensacional del canario encarriló el 0-3 arrancado de la casa del Everton de Koeman. En ese combate, bajo presión, también anotarían Cahill y William, dos peones desacreditados en la zozobra de 2016. Ese triunfo, cultivado el 30 de abril, supuso un espaldarazo al proceso que culminó la goleada frente al Middlesborough del pasado lunes (3-0, gol de Alonso y dos asistencias de Cesc) y el pinchazo del Tottenham ante el rocoso West Ham (1-0).

Este ha sido el relato de la sexta Liga que alza el Chelsea, la segunda en tres años. El estilo recobrado por la entidad en el regreso del Special One (Happy One en el entorchado de 2015, con Azpilicueta, Fábregas y Diego Costa en plantilla abonó la competitividad obligada para que Conte diera en el clavo en su vuelta de tuerca. A partir de ahora, que se ha confirmado la segunda ruptura de pronósticos consecutiva que experimenta la Premier (ya que el Chelsea no era favorito), le queda por delante al entrenador italiano efectuar un salto en el diseño del fondo de armario, pues su primer título liguero en las islas ha acontecido sin el cansancio propio de las competiciones continentales. La Champions League volverá al horizonte blue después de una apnea de un curso y, entonces, se fiscalizará si el mestizo estilo de su club puede escapar al marasmo que sufren los equipos ingleses extramuros. Eso sí, nadie le podrá arrebatar el mérito que conlleva exprimir la potencialidad de los grupos que gestiona hasta los límites elitistas.

"Creo que al principio de curso el equipo también jugó bien, aunque tuvimos un par de partidos malos, como el del Liverpool (derrota 1-2) y el del Arsenal (derrota 3-0). Ahí cambiamos el sistema y las cosas funcionaron. Pero lo que estamos viendo es que el trabajo duro realizado durante todo el año ha tenido sus frutos", manifestó un Marcos Alonso exultante, tras la consecución del primer trofeo grande de su currículo y como parte trascendente. Con Kante como MVP de la Premier, un Diego Costa de nuevo voraz (20 goles, tercer máximo goleador por detrás de Kane y el pichichi Lukaku), la exquisitez arrolladora de Hazard resplandeciendo y la lucidez de Fábregas resintonizada (10 asistencias, cuarto en dicha categoría), la liga inglesa que aparentó tener patrón de forma precoz ya rinde honores al equipo que ha pastoreado la cima de la competición con merecida e industrial seriedad. Y el icónico John Terry se retirará con regusto jugoso.

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