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    12 de diciembre de 2019

elimparcial.es > Críticas de Teatro

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EL CHIVATO

El PIB es masculino… Claramente masculino. Lo dijo la asombrosa ministra de Sanidad, cuando ya pensaba en prohibir el uso del tabaco – ¿por ser también masculino?-. Si la culpa de la crisis ¿qué crisis? la tiene la masculinidad del PIB (Producto Interior Bruto) con sus tres palabras del género malhechor, es deducible que la peligrosidad del tabaco provenga también de su pernicioso género. La pasmosa ministra que nombra a quien le sale de los cojones (sic), de la misma manera prohíbe lo que le sale del mismo sitio; es decir, de unas gónadas inexistentes en las hembras, por muy ministras que sean.
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Pilar Jurado, primera compositora que estrena una ópera

El Teatro Real estrenó este viernes La página en blanco de Pilar Jurado, primera compositora que estrena una ópera y que, además, canta en la obra a la que ha puesto, no sólo la música, sino también la letra.
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El chivato

Mientras el cine español pierde millones de espectadores cada año, el teatro sigue, en parecida proporción, su ritmo ascendente, a pesar del desproporcionado trato que recibe de quienes destinan las regalías gubernamentales a los fiascos cinematográficos. Sus actores, directores y guionistas –del cine- no se percatan de que, las películas de las que viven, a costa del dinero de todos, salvo raras excepciones, apenas gustan a nadie. No es casualidad que en los periodos socialistas sufridos (Felipe+ZP), las subvenciones al cine hayan superado en dos ocasiones a las recaudaciones obtenidas por taquilla.
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El chivato

El aburrimiento debiera ser proscrito del teatro. Asaz aburren los políticos en sus cámaras, auténticos escenarios sin telón material, donde aun existen los “entre bastidores” y los “arrojes”. El pensador francés Joseph Joubert, escribió en el siglo XVIII: "El teatro debe divertir, noblemente, pero nada más que divertir. Pretender hacer de él una escuela de moral es corromper a la vez la moral y el arte". Pero lo moderno, lo intelectual, lo progre, pasa por el aburrimiento sin que nadie “meta el pié” como hacían antes los buenos aficionados. El temor a ser tachado de inculto –en los estrenos, claro- obliga a dormitar en disimulo, anclando bien la cabeza, o a poner cara de un interés enorme.
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el chivato

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EL CHIVATO

Y no es que el teatro se signifique sólo por el aumento generalizado de las recaudaciones por taquilla. Sino que vuelve a servir de argumento para las memeces protagonizadas por algunas señorías políticas paritarias que habitan el gobierno. Ya hubo una ministra de Cultura, de nombre Carmen y apellido Calvo -¿debería decirse Calva?- que se lanzó a decir: “el dinero no es de nadie”. Claro que la ministra del “Dixi Pixi” omitió que ese dinero “de nadie” siempre va a parar a las manos de los mismos; esos que deben ser los “nadie” amos de la tela y que, con solo elevar una de sus cejas y encerrarse tras el “cordón sanitario” consiguen toda suerte de canonjías a modo de subvenciones. Para estos titirivainas no existe la crisis ni el paro y, aun no se ha descubierto el antídoto que proteja a los cómicos de a pié de las miasmas ideológicas que los tales sujetos exalan con su aliento.
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El chivato

En un teatro de Varsovia han debutado dos robots; unos actores sin alma y sin sexo que, al no lucir género se adaptarían a la normativa aprobada por los responsables -es un decir- de la baraúnda andaluza. Sin riesgo de recibir reprimendas o sanciones, un maestro andaluz podría consentir, a sus alumnos, el uso del epiceno “actores” para designar a la hembra y al macho actuantes, cuya diferencia de género es la misma que existe entre una clavija y su correspondiente base de enchufe (de femenino nombre ambas). Los protagonistas obtienen a diario el mayor éxito registrado en un teatro polaco los últimos años.
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