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POLÉMICA

El colmo de la demagogia: el gobierno culpa al PP de su fiasco con Bildu

El colmo de la demagogia: el gobierno culpa al PP de su fiasco con Bildu
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(Foto: EFE)
Javier Cámara
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javiercamaraelimparciales/12/12/24
sábado 23 de mayo de 2020, 08:18h
Sánchez intenta tapar la crispación dentro del Ejecutivo con reproches a la oposición por no apoyar el estado de alarma.

El presidente del Gobierno ha debido pensar aquello de que ‘la mejor defensa es un buen ataque’ y trata de tapar la enorme crispación que hay en el seno del Ejecutivo tras el fiasco del pacto con EH Bildu culpando al PP casi, incluso, de obligarles a ello porque no apoyaron el estado de alarma.

Pedro Sánchez ordenó a Adriana Lastra que negociara en secreto con los herederos de ETA algo que les pudiera venir bien de cara a su electorado en las próximas elecciones y concluyeron que derogar la reforma laboral sin consultar previamente ni con la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, ni con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Tampoco con los sindicatos y la patronal, aunque ahora quiera arreglarlo.

Se sabe que el enfado de ambas es considerable. El de la primera, con su jefe, por no avisar ni consultar. No se ha barajado la posibilidad de una dimisión de la responsable de Economía, pero sí tuvo que plantarse muy seriamente ante Sánchez para obligarle a recular y afirmar que la derogación no será total y que tan solo se tocarán lo que han considerado “cuestiones más lesivas”. Por su parte, Yolanda Díaz, tampoco ha visto con buenos ojos una jugada de Podemos (ella viene de la parte de IU) para la que no han contado con ella.

Disparidad entre los barones

Tampoco ha sentado bien a los barones del partido que sustenta al Gobierno. Según han informado a Efe fuentes socialistas, abunda el enfado por un acuerdo "innecesario, que sólo incorpora a Bildu en la foto". Aunque han tratado de ser discretos para no emponzoñar más aún el ambiente, se sabe que el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, ha sido especialmente vehemente y ha rechazado de forma rotunda el pacto porque lo que se consigue "en base a la extorsión o la tortura política" no tiene validez.

Llama la atención que ha pedido a su partido en el Gobierno que se tome a Ciudadanos de ejemplo para reconstruir puentes y consensos "mirando con luz larga". Algo que también ha hecho el presidente de Aragón, Javier Lambán, que al respecto del papel de la formación de Inés Arrimadas con el apoyo al estado de alarma, ha insistido en que los acuerdos que comparte son los que se hacen "con los partidos que creen en España y en el futuro común de los españoles".

Asturias y Navarra se han posicionado contra Page. El presidente del Principado, Adrián Barbón, amigo de Lastra, prefiere centrarse en la derogación de la reforma laboral y no con quién se ha firmado. Ha dicho: "Yo no me quedo en el quién, sino con el qué".En la misma línea, la presidenta navarra, María Chivite ha apuntado que "no hay que ver tanto con quién sino para qué; y, si las medidas son buenas, lo son independientemente de con quién se firme".

Tampoco estaba contento el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, que ha señalado que el nuevo marco laboral que rija en España no puede obviar el diálogo social.

La culpa, siempre, del PP

Ante este desbarajuste en el partido y para tratar de desviar la atención, el Gobierno ha adoptado la estrategia de culpar al PP de dejarle "solo" con la aprobación de la última prórroga del estado de alarma. Esto, han dicho el secretario general del PSOE en el Congreso, Rafael Simancas, primero, y la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, después, les obligó a buscar apoyos en otros grupos, como EH-Bildu.

Desde el PP, no sin cierto sarcasmo, su vicesecretario de Comunicación, Pablo Montesinos, se ha preguntado si el Gobierno también les va a culpar de la muerte de Kennedy, cuando ha sido el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha cerrado un pacto con un partido que no ha condenado a ETA. Ya le han pedido que dé las explicaciones en el Congreso.

Tampoco ha hecho "gracia" este pacto al rival político de Bildu, el PNV, que ya ha advertido a Sánchez de que el bivel de confianza se está acabando y ya "están en la reserva". No sonaba muy contundente, porque con el partido nacionalista vasco siempre se sabe cómo solucionar cualquier diferencia, pero su presidente, Andoni Ortuzar, decía que "difícilmente" el Gobierno podrá seguir así toda la legislatura.

Pero Montero también han cargado, sin mencionar en concreto a ERC, contra “algunos de los partidos de la izquierda”, a los que ha acusado de anteponer sus “intereses partidistas” a los del conjunto de la población. La pregunta que subyace es si los separatistas catalanes que preside Oriol Junqueras desde la cárcel alguna vez han dejado de pensar en sus “intereses partidistas” para que se sorprenda ahora el Gobierno.

Ahora, como decía el chiste, el Gobierno pacta con los herederos de ETA el mismo día en que a la secretaria general del Partido Socialista de Euskadi, Idoia Mendía, dejan cartas amenazantes con pintura roja en el portal de su casa; de forma secreta, sin avisar a los principales ministros implicados en la reforma laboral, Nadia Calviño y Yolanda Díaz, los empresarios y los sindicatos; con nocturnidad, después de un día entero en el Congreso con la sesión de control y el debate sobre la prórroga del estado de alarma; y para después rectificar lo firmado enfadando a todo el mundo porque se han dado cuenta del tremendo error, pero por alguna extraña razón la culpa es del PP.

¿No es el colmo de la demagogia?

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