Enorme el toreo impartido en esta tarde por David Mora, faena redonda, completa y rotunda. Urdiales apenas tuvo opciones y Roca Rey volvió a demostrar que ha venido a quedarse.
Tres novilleros preparados y con recursos para poder a los toros pero la profundidad y transmisión que ha de poner el toro no existió ante la ausencia de bravura de los novillos salmantinos de La Ventana del Puerto que no permitieron el lucimiento; la excepción el tercero.
El murciano Paco Ureña es el torero a seguir, haciendo un esfuerzo de pundonor y físico, toreando mermado de facultades se impone a su lote. El Cid no pudo conectar y Fortes lo intentó.
José Garrido demostró que quiere abrir la puerta del escalafón y ser alguien en el toreo. Castella muy capaz para sacar muletazos donde apenas los había. El Juli no tuvo suerte en el lote.
Talavante, que está en otra dimensión, a punto de salir a hombros con otra corrida decepcionante y seca de bravura. Sólo la nobleza no ha mantenido la Fiesta durante siglos, es necesaria la emoción.
Leonardo Hernández obtiene una puerta grande tras una gran obra en el tercero de la tarde, repetidor y con bravura, y una faena caliente en el sexto. Ventura pudo acompañarle pero no tuvo acierto con el acero, lo mismo le pasó a Galán.
El veterano Enrique Ponce tuvo y retuvo. Exigido y respetado por el público madrileño solventó, como es habitual, las embestidas de los toros que tuvo en suerte de manera magistral. Daniel Luque y Román no tuvieron fortuna con el acero.
Decepcionó la ganadería, muy esperada en Madrid por su gran trayectoria. No obstante echó un toro bueno, el tercero, de nombre Holandero que permitió a Juan del Álamo cortar su octava oreja en esta plaza.
Difícil la novillada toledana de El Montecillo, duros, violentos y recios. Los novilleros estuvieron firmes con ellos, pero Filiberto y Adame cayeron heridos. Juan de Castilla apechugó con los tres novillos restantes.
El francés Juan Bautista cortó este domingo la primera oreja de entre los toreros de a pie de la Feria de San Isidro 2016, y eso que la tarde, marcada por la lluvia y por el poco público en los tendidos, estuvo a punto de suspenderse.